DIA 4: ¡AGUA VA!

Lo que hoy vamos a trabajar ya lo conoces sobradamente, somos agua y es  muy importante para nuestro cuerpo reponerla diariamente. Alrededor de un 70% de nuestro cerebro es agua, un 90% de nuestra sangre es agua. Nutrirnos de agua es fundamental.

Mi amiga Báscula, la que dejamos en tierra ayer, es de esas que apoyas los pies y casi te saca la partida de nacimiento. En cuanto subo a mi particular patíbulo, me indica mi peso, mi porcentaje de grasa, de agua, de hueso, de masa muscular… Curiosamente mi masa muscular y ósea no varían a diario, pero mi porcentaje de grasa tiene altibajos, y cuando sube mi grasa, baja mi porcentaje de agua, y viceversa. Yo, para fabular con el agua y animarme a beberla, siempre me imagino que tengo que reponer a diario el agua de mi cuerpo, para que la grasa tenga menos espacio para cohabitarlo.

No solo es importante por la composición de nuestro cuerpo, sino porque además ayuda a desintoxicarlo. El litro y medio a dos litros que recomiendan beber, te hace los primeros días estar pendiente de la visita al WC, a veces con tanta urgencia que te bailas un chotis a pierna pegada para llegar al mismo sin incidencias. Pero cada vez que vas, ayuda a eliminar toxinas retenidas por el cuerpo. También facilita el tránsito intestinal porque ayuda a hidratar los deshechos corporales sólidos.

Con esta escatología acuática no quiero que nos licuemos como las reliquias de algún Santo, haciendo el trasvase del Ebro del grifo a nuestra boca. Como todo, la excelencia está en el equilibrio. Recordemos que no se trata de ser perfect@, sino de ir incorporando hábitos sanos a nuestra vida cotidiana.

Al contrario de lo que la lógica nos haría pensar, el ingerir la cantidad suficiente de agua, nos ayuda a eliminar líquidos. Ello, porque esos líquidos retenidos acumulan las ya referidas toxinas. Y además, porque nuestro cuerpo es inteligente, si no tiene la cantidad que necesita de agua, la retiene. Siempre me imagino que cuando estamos reteniendo líquidos realmente estamos evolucionando hacia el camello, que a falta de agua, acumula en sus depósitos la que necesita para subsistir en el desierto, lo único que, yo en vez de acumularla a modo de jorobas, la acumulo a modo de cartucheras. Si tu acumulación se produce en la panza, evolucionas hacia el dromedario, que tiene una sola joroba 😉

Nuestro cuerpo es un laboratorio químico, con un funcionamiento similar al de otros cuerpos, pero único, porque somos seres únicos. Por ello, te propongo que experimentemos con algo tan sencillo como el agua que ingerimos. Tomémonos unos días para ver cuánta agua necesita nuestro cuerpo.

Empecemos añadiendo un vaso al día a lo que ya bebemos habitualmente. No nos forcemos a beber 8 vasos de agua si no estamos acostumbrad@s. Tengamos en cuenta además que parte del líquido lo obtenemos incluso de los alimentos sólidos que ingerimos, y las nuevas investigaciones científicas ponen en entredicho lo de los 2 litros de agua al día. Tampoco bebamos todo el líquido de una sentada, porque se trata de mantenerte hidratad@ todo el día, por tanto distribuyamos el líquido que ingerimos racionalmente.

 

Un vaso de agua templada en ayunas, con un chorrito de limón ayuda a hidratar el cuerpo, que ha permanecido toda la noche sin ingerir líquido, y contribuye a limpiar el organismo de sustancias de desecho generadas durante el sueño.

Un vaso de agua con cada comida y tentempie supone hidratar el bolo alimenticio y facilitar su tránsito por nuestras tuberías, y crea sensación de saciedad. Podemos observar cómo nos sienta beber uno antes de acostarnos, si nos hace levantarnos durante la noche para ir al baño, mejor no lo tomamos.

Si nos gustan los refrescos, las cervecitas, el vino, las copitas… no tratemos de imponernos la Ley Seca hoy, simplemente, valoremos si podemos privarnos de alguno, si podemos compartirlo o beber solo la mitad… Evidentemente privándonos de todo seríamos sílfides… ¿pero por cuánto tiempo y a consta de cuánto placer? Todo en su justa medida es bueno, y estamos aprendiendo a moderarnos. Haz el ajuste del que seas capaz hoy, y lo que bebas, disfrútalo, porque tu pequeño ajuste será otro gran avance.

¡Ah, solo una cosa más! ¿Sabes que el simple hecho de beber agua supone un desgaste de calorías para nuestro cuerpo? No solamente por el ejercicio de tener que levantarnos a por el vaso, empinar el codo, y el paseo al WC. Principalmente porque como el agua que ingerimos está a una temperatura inferior a la corporal, el cuerpo tiene que hacer el esfuerzo de ponerla a nuestra temperatura, y evacuarla a temperatura corporal. Por eso cuando empezamos a beber más agua, muchas veces nos sentimos destemplad@s. Y no solo con las bebidas frías. Piensa en la velocidad a la que se te enfría la infusión calentita que te has preparado. ¿En 15 minutos está templada? Tú la ingieres caliente, y tu cuerpo se templa, pero en cuanto se enfría, tu cuerpo tiene que seguir ejerciendo de termo para mantenerla a tu temperatura corporal, y ese esfuerzo corporal de mantener caliente nuestra composición líquida consume también calorías.

¡Hidratémonos el día! ¡Hasta mañana!

 

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