DIA  2: SABOREANDO…

¿Qué tal tu primer día? ¡Espero que te sientas genial!.

La procrastinación es un motor de frustración muy potente, incompatible con la motivación que requiere cualquier tipo de esfuerzo, como es empezar una dieta. Vencerla, supone reafirmarse y concienciarse de la capacidad de superación propia. ¡Enhorabuena!

Pero no podemos centrarnos sólo en el esfuerzo, porque la vida también es placer ¡y qué mejor placer que comer, para alguien que disfruta haciéndolo!.

Ya sé que es una obviedad, pero… ¿cuántas veces, por prisa o por ansiedad, o incluso por mala conciencia, engullimos sin saborear? ¿cuántas veces nos comemos lo que más nos gusta sin disfrutarlo por el remordimiento de conciencia de que engorda?.

Hoy vamos a centrarnos en disfrutar de lo que comemos, pero no como nos han dicho que hay que hacerlo.

¿Has oído eso de mastica bien? Algunos nutricionistas dan la recomendación de masticar 33 veces cada bocado. ¿Te imaginas la tortura que supone masticar una hoja de lechuga los años de Cristo? Dile a alguien compulsivo que lo haga con cada bocado y acabará con bruxismo ¡O con una mandíbula más prominente que la de Arnold Schwarzenegger!

Que no digo que ese centrifugado bucal del alimento no sea sano, solo digo que aquel al que se le ocurrió la idea debía de ser alguien similar al personaje de Jack Nicholson en la película “Mejor imposible”. Y quien lo sigue recomendando a sus pacientes, no creo que lo haya puesto en práctica en su vida diaria 21 días seguidos, para crear el hábito.

Cuando además te recomiendan el ritual de sentarte siempre en el mismo sitio, con la tele apagada, sin música y tomarte al menos media hora para cada comida, dejar los cubiertos en el plato después de cada bocado… me pregunto si quieren promover algún tipo de “autismo o automatismo gastronómico”.

Y aun peor, como nadie lo logra (¡normal!) y el fracaso está asegurado, la culpa es del gordo por no cumplir los comportamientos que le prescriben.

¡Pues se acabaron las culpas, al menos las nuestras!. Saborear significa disfrutar, y vamos a hacerlo. Reservémonos un hueco para nuestro momento “saboreando” de hoy y disfrutémoslo. Si ayer elegimos tomar medio croissant, media chocolatina, medio postre, o solo un puñadito de patatas… ¡disfrutemos de cada mordisco! Dejemos que el chocolate se funda en la boca, peguemos el trozo de patata frita al paladar hasta que se ablande, dejemos las últimas cucharadas del plato pero saboreemos las anteriores con fruición. Llenemos la copa a la mitad pero disfrutemos de cada sorbo para que nos dure el doble. Elijamos nuestro momento, cómo más nos guste y apetezca, o mejor, elijamos todos los momentos alimenticios del día para degustar.

Juguemos a imaginar que nos han llamado para hacer una cata de nuestra comida favorita, somos expert@s mundiales en la materia. Cuando podamos y si queremos, realicemos un informe con los sabores que extraemos de la degustación, las sensaciones que nos produce en boca, los placeres que experimentamos. Igual que ayer, a nuestro gusto y si nos apetece, puede ser una palabra o una descripción exhaustiva.

Si un día no nos sentimoss inspirad@s, no tenemos por qué hacer el juego, no nos agobiemos por nada, disfrutemos de nuestro manjar y ya está, así de fácil. El hecho de plantear estas actividades es para intentar dar un enfoque divertido e imaginativo, en vez de abordar esta aventura como un mundo de sacrificio.

Si estamos comiendo con alguien, podemos compartir la experiencia. Si es nuestra pareja, juguemos a que vamos a degustar el alimento más afrodisiaco del mundo, aunque sea un plato de alcachofas con jamón, imaginemos que está cocinado con especias afrodisiacas traídas del Lejano Oriente… O a que cada uno añada un ingrediente secreto y el otro lo adivine… ¡La imaginación es poder!

Cuando estamos a dieta funcionamos con el piloto automático puesto, depositamos nuestra voluntad en manos de un experto, y nos sometemos al calvario, hacemos lo que se nos manda, o lo que nos dicen que está bien. Por eso, cuando nos salimos del paradigma, nos sentimos niños malos, y dejamos de acudir al especialista por el sentimiento de culpa y el miedo al castigo, nos sentimos fracasados e incapaces….

Apaguemos el piloto automático, tomemos nuestras propias decisiones y disfrutemos haciéndolo. Si convertimos la alimentación en una especie de rutina punitiva es imposible de sobrellevar.

Pero si convertimos la vida en juego y le echamos imaginación al esfuerzo, se convierte en algo mucho más sencillo y sobre todo, menos tedioso. Y no se trata de elucubrar complejas estrategias, ni elaborados trampantojos. Se trata simplemente de arquear las cejas y salibar delante de un plato que nos encanta, en vez de mantener el rictus de la vista alicaída y de otro día más a dieta.

Disfrutemos y saboreemos hoy cada bocado y cada sorbo que podamos llevarnos a la boca. Comer es un placer, no un castigo.

Bon appétit!

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